Ríos de tinta han corrido debatiendo sobre este tema y se han escrito artículos y libros enteros con argumentos a favor y en contra.

Sin embargo, la Biblia establece con toda sencillez desde la primera frase: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Génesis 1:1), de modo que la existencia de Dios no se discute, sino que se toma por sentado. La Biblia presenta el mundo físico, en toda su grandeza y con todo su maravilloso diseño, como la primera evidencia de un Dios creativo, poderoso, bondadoso e inteligente.

Ninguna persona por sí misma podría decir con exactitud cómo es Dios, pues inevitablemente siempre sería con una visión muy humana. No obstante, Dios mismo se ha revelado muchas veces y de muchas maneras. Esto nos lo dice la Biblia claramente en Hebreos 1:1-2: «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por quien asimismo hizo el universo».

A lo largo de los años se han sugerido numerosas teorías y explicaciones para negar la existencia de Dios. Para todas ellas, se requieren grandes dosis de fe. No obstante, el objeto de la fe es lo que lo valida, pues es precisamente mediante la fe en el Santo Dios de la Biblia la única manera en que debemos acercarnos a Él.

En el Salmo 19, también se expresa claramente la realidad de la existencia de Dios presentándose como el Ser divino que se revela de dos maneras, por una parte mediante la creación (vs. 1-6) y por otra parte mediante la palabra de Dios (vs. 7-10). Dios no solamente existe, sino que siempre tiene la iniciativa de comunicarse con el ser humano y ha puesto los medios a nuestro alcance.

Además, sabemos cómo es este Dios verdadero, creador del universo, porque ha venido Jesucristo, quien es Dios mismo, la segunda Persona de la Trinidad, al mundo. En Juan 14:9, Jesús nos dice: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre».

Hay muchas más evidencias de la existencia de Dios, desde el hecho de que tenemos una conciencia y un sentido de moralidad y de eternidad (Eclesiastés 3:11), hasta el hecho de que hay cientos de profecías dadas en las Sagradas Escrituras y cumplidas a lo largo de la historia.

Si tienes dudas sobre la existencia de Dios, te animamos a considerar la complejidad de la naturaleza y pensar si esto podría ser producto de la nada, pero sobre todo a leer las Escrituras (el Evangelio de Juan es un buen punto de partida).

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